Muchos son los proyectos que empezamos y pocos los que terminamos. Una de las razones por las que nos pasa esto es porque somos demasiado ambiciosos en lo que esperamos de ellos, en la funcionalidad que esperamos que tengan.

Esto lo podemos aplicar a todo tipo de proyectos, tanto técnicos, como personales, aunque la manera en la que hablaremos de ellos parece que vaya orientado a proyectos de desarrollo.

Contra esto, lo mejor que podemos hacer es planificar el proyecto para que se pueda dividir en etapas o versiones, es decir no intentar tener todas las funcionalidades en la versión 1.0

Para esto, lo mejor es plantearse lo que se suele llamar el MPV: Minimo producto viable (definición) y a partir de él ir evolucionándolo. Es fenomenal que veas muchas posibilidades de ampliación, pero si quieres tenerlas todas inicialmente, tardarás mucho (quizás demasiado) en llegar a tener un primer entregable.

Ganamos varias cosas haciéndolo así:

  • Llegamos antes a tener algo que enseñar (o que ver nosotros mismos), lo que permite tener feedback, sobre si es lo que esperamos o no
  • Permite maniobrar si no es lo que
  • Vas viendo el progreso y llegado el momento hasta puede cuantificarlo
  • A medida que vas viendo cómo se completan las etapas te vas animando, es decir te motivas. De aquí viene todo el fenómeno tan actual de la gamificación.

 

Cuando definas un proyecto sé ambicioso en lo que esperas de él, pero asegúrate de dividirlo en etapas de manera que puedas ir viendo

¿Por qué nunca terminamos los proyectos que empezamos?
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